Un feriado nacional discutible para una visita puntual
La decisión de declarar feriado nacional el lunes 9 de noviembre por la visita del papa León XIV me parece cuanto menos desproporcionada. Entiendo que un evento de esta magnitud requiere logística y seguridad, pero parar completamente el país un día hábil por la llegada de un líder religioso es una medida que impacta en la actividad económica, en la educación y en la rutina de millones de personas que no necesariamente se ven involucradas. Lo razonable habría sido circunscribir los feriados a las jurisdicciones que realmente van a ser epicentro de la visita, tal como ocurre con el martes en Córdoba y el miércoles en Buenos Aires. Declarar un asueto nacional el lunes genera un corte innecesario a nivel federal, obligando a parar actividades en provincias donde la presencia del pontífice no justifica semejante interrupción. Parece más una decisión política para evitar complicaciones de tránsito en CABA que una herramienta de gestión eficiente para el resto del país.